lunes, 18 de abril de 2011

LA BESTIA EN LA PANTALLA

La bestia en la pantalla. Aleister Crowley y el cine fantástico
AA.VV. (Jesús Palacios, coord.)
San Sebastián, Donostia Kultura, 2010
330 pp. - 22 €



Fiel a su cita anual con los cinéfilos irredentos del fantastique, y un año después de aquel espléndido "Métal Hurlant" y el cine fantástico, la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián publicaba el año pasado este La Bestia en la pantalla. Aleister Crowley y el cine fantástico, volumen decimotercero de esta colección indispensable, y como el anterior y otros muchos de la misma, coordinado por el experto Jesús Palacios.

Aleister Crowley


Nadie mejor que Palacios para dirigir un proyecto como este: cualquiera que haya seguido su producción bibliográfica sabrá que la sombra de este personaje histórico, tan particular que a veces cuesta no considerar como un ente de ficción, planea sobre buena parte de la misma; de hecho, Crowley fue uno de los protagonistas indiscutibles de Desde el infierno. Una historia ocula del siglo XX, una de las obras capitales de Palacios. Y tanto es así que hasta en sus dedicatorias a los lectores este crítico emplea la máxima de la filosofía thelémica -"Haz lo que quieras será la única ley"- que rigió siempre la vida de este filósofo y escritor satanista, miembro de la Golden Dawn y figura de culto para esotéricos del más variado pelaje.



Considerado por muchos como "el peor hombre del siglo XX", Aleister Crowley es una figura íntimamente unida no ya solo al cine fantástico, sino al devenir del propio arte cinematográfico desde que David W. Griffith convirtió en manifestación artística el invento técnico de los hermanos Auguste y Louis Lumière. Pese a ello, no existía hasta la fecha ningún análisis historiográfico y/o crítico, mucho menos escrito en español, acerca del vínculo existente entre ambos. Así pues, este volumen viene a rellenar un hueco imperdonable en la bibliografía universal sobre cine.

Nosferatu


Como ocurre siempre con esta colección, el presente volumen presenta autoría colectiva, y Palacios se ha encargado de reunir a una nómina de expertos imbatible: inaugura el volumen Frank G. Rubio, desde siempre interesado en el lado oculto y esotérico de la realidad, y encargado aquí de realizar una semblanza biográfica del que fuera apodado como 'la Bestia'. Acto seguido, Luciano Berriatúa -reputado historiador particularmente vinculado al cine expresionista en general y a Nosferatu en particular- contempla la relación de Crowley con el cine silente alemán, y en concreto con El estudiante de Praga y la citada película de Murnau.

Kenneth Anger


Por su parte, Pedro Porcel analiza la figura de Crowley como espectador y cinéfilo, y el propio Palacios realiza una guía de nombres -estructura que en varias ocasiones emplearía en sus colaboraciones con la revista de Manuel Valencia 2000 maníacos- de personalidades vinculadas a Crowley y/o la magia thelémica en el seno del séptimo arte: de Kenneth Anger, director experimental de títulos como Fireworks o Inauguration of the Pleasure Dome, a Harry Smith, figura clave de la contracultura norteamericana, pasando por el realizados español de culto Carlos Atanes, el director de cine de serie B Curtis Harrington -recordado sobre todo por los filmes de ciencia ficción terrorífica Night Tide y Queen of Blood-, el inimitable escritor, guionista de cómic, cineasta y psicomago Alejandro Jodorowsky o E. Elias Merhige, director de aquella memorable cinta sobre el rodaje de Nosferatu La sombra del vampiro, donde John Malkovich y Willem Dafoe encarnaron respectivamente al director y al protagonista de este clásico del cine.

Perdurabo


Posteriormente, Robert A. Haller y Antonio Weinrichter glosan respectivamente las figuras de Kenneth Anger y Harry Smith, mientras que el citado Atanes comenta breve pero sustanciosamente la relación de Crowley con su propia obra audiovisual -particularmente con su film Perdurabo-, una filmografía inédita en los circuitos comerciales pero muy comentada en los festivales especializados de medio mundo, así como en la red.



Acto seguido, Palacios se lanza de nuevo al ruedo, esta vez para realizar un repaso a aquellas películas inspiradas en cierta manera en la vida y milagros de Crowley, convertido en "supervillano" de ficciones de índole diversa. Destacan en este recorrido cintas como La novia de Frankenstein de James Whale, Satanás de Edgar G. Ulmer, La semilla del diablo de Roman Polanski, y muy particularmente dos joyas del cine de terror como La noche del demonio de Jacques Tourneur o la muy reivindicable The Devil Rides Out de Terence Fisher y escrita por el gran Richard Matheson. Igualmente, no hay que olvidar las andanzas de villanos tan carismáticos como el Dr. Phibes al que encarnara en un par de ocasiones Vincent Price o al Zé do Caixao creado por el brasileño José Mojica Marins.

Zé do Caixao


Textos de Carlos Arenas, Adolfo Reneo -que analiza la relación de Crowley con la historieta-, Antonio José Navarro y Charly Álvarez completan la nómina de autores del cuerpo central del volumen. Pero, como siempre, aún hay más: en los "Apéndices" de los que suelen disfrutar las entregas de esta colección podemos leer al propio Crowley ejerciendo de crítico cinematográfico en las páginas de Vanity Fair allá por junio de 1917, así como un fragmento de la Autobiografía de William Somerset Maugham en la que el escritor comenta cómo conoció a Aleister Crowley y cómo este inspiró al personaje protagonista de su novela El mago.



Por si esto fuera poco, el volumen nos da la oportunidad de leer el soberbio cuento "El maleficio de las runas", del maestro de la literatura de fantasmas M. R. James, que sirvió de inspiración a Tourneur a la hora de rodar la citada La noche del demonio, todavía hoy una de las mejores películas de este maestro del fantástico. Por su parte, Ian Fleming -creador del popular James Bond-, cierra estos "Apéndices" con un fragmento de su novela Casino Royale, recientemente llevada al cine con Daniel Craig en la piel del agente 007.

La noche del demonio


Unas completísimas filmografía y bibliografía, divididas en varios apartados, y unos muy útiles índices onomástico y de obras cierran, pues, este La Bestia en la pantalla, libro de importancia capital por lo inusual de su contenido y lo riguroso de su tratamiento.

lunes, 28 de marzo de 2011

JESÚS FRANCO

Jesús Franco
Carlos Aguilar
Madrid, Cátedra, 2011
400 pp. - 15,40 €



No es la primera ocasión, como no podía ser menos dada su importancia ya historiográfica, que la colección Signo e Imagen / Cineastas de la editorial Cátedra se deja caer por esta página consagrada a los libros sobre cine: ya habíamos comentado en el momento de su aparición los recientes volúmenes dedicados al añorado François Truffaut y al controvertido Julio Medem, escritos respectivamente por Luis García Gil y Zigor Etxebeste Gómez. Pero sí es la primera vez que sentimos una satisfacción en buena medida personal ante la aparición aquí de un título en concreto (y de su correspondiente escritor) de esta serie indispensable de volúmenes acerca de realizadores del cine universal de ayer y de hoy.

Jesús Franco, siempre cámara en mano


Y esto es así por un doble motivo: primero, porque la inclusión de una figura tan controvertida y en ocasiones vilipendiada como la de Jesús Franco -por el que, nos guste más o menos su cine, sentimos una gran simpatía- en una colección por lo general dedicada a cineastas de considerado prestigio, cuando no de adoración incondicional por parte de la cinefilia de todo el mundo (de Ford o Hitchcock a Eastwood o Scorsese pasando por Bergman, Wilder, Cassavetes, Kurosawa, Godard, Visconti o Kiarostami), nos parece un acto cuasi de justicia poética, habida cuenta de la importancia histórica de un caso tan sui generis como el de Franco no ya en la filmografía española sino en la mundial.

Carlos Aguilar, autor del libro


Por otro lado, nos satisface que llevar a cabo una misión tan titánica como la de glosar la vida (longeva) y milagros (de muy diversa catadura) del realizador de Necronomicon haya caído en unas manos tan autorizadas como las de Carlos Aguilar, escritor y crítico cinematográfico que ha mantenido durante años contacto directo con el realizador, además de una relación de amistad que ha pasado por mejores momentos que en el presente. Por si esto fuera poco, Aguilar ha demostrado en repetidas ocasiones, con una ya considerable bibliografía a sus espaldas, el conocimiento de primera mano de todas las posibles facetas del arte cinematográfico; esto es, del cine clásico y del contemporáneo, de las producciones del Hollywood dorado a las muestras más abisales de la serie B y Z.



Lo que llama la atención en primer lugar de este Jesús Franco de Aguilar es que, lejos de ser un relato hagiográfico repleto de loas y alabanzas desmedidas al protagonista del estudio, se trata de un volumen que, por un lado, reivindica su figura más allá del hecho de que haya engrosado la colección que recoge el texto; pero que por otro pone los puntos sobre las íes subrayando lo desmedido y muchas veces injustificado -si nos atenemos a méritos puramente técnicos e incluso artísticos- del culto que se ha formado alrededor de la figura del cineasta que debutara prometedoramente con la comedia Tenemos 18 años, para después echar por tierra buena parte de aquella promesa.

Necronomicon es uno de los trabajos más reputados de Franco

El texto de Aguilar combina los apuntes biográficos necesarios para entender el devenir vital y artístico de Franco, de su nacimiento en el seno de una familia de profunda raigambre intelectual a la delicada salud con la que sobrevive hoy, con el comentario más o menos pormenorizado de su filmografía... si bien no se detiene por igual en cada uno de los casi doscientos largometrajes que jalonan la producción, en efecto inabarcable, de este realizador. Que Aguilar pase por alto analizar algunos de los largometrajes realizados por Franco podría suponer que no estemos todavía ante el libro definitivo sobre el cineasta, si bien también nos hace pensar que quizá nunca llegue a existir dicho libro utópico.



Y es que, como el autor deja entrever en alguna ocasión, algunos de los muchísimos largometrajes firmados por este cineasta que ha usado docenas de seudónimos -desde el más popular y reconocible de Jess Franco o Jess Frank a otros como Frank Manera, Clifford Brown o Lulu Laverne- son absolutamente infumables, y dinamitan el lenguaje cinematográfico incurriendo en errores de montaje, raccords o un indudable abuso de travellings o zooms la mayoría de las veces gratuitos... por no hablar de la repetición de planos, casi de secuencias, en distintas producciones con montajes alternativos, títulos distintos e incluso datos oficiales de producción disímiles.

Jack Palance en Justine, según la obra del Marqués de Sade

Por si esto fuera poco, Franco ha rodado un gran número de coproducciones, así como películas de índole pornográfica que solo se han estrenado en el extranjero. Igualmente, y para complicar todavía un poco más el asunto, ha llevado a cabo distintas versiones, una soft y otra hard, de un mismo film de género erótico, con destino a mercados diferentes. Además, muchos de sus trabajos presentan títulos alternativos según los países en los que se han estrenado y/o con los distintos montajes con los que han acabado llegando a los cines... esto es, cuando no se han quedado directamente como filmes inéditos. Si a esto sumamos los múltiples seudónimos y sobrenombres con los que trabajaron a sus órdenes actores y técnicos, además de los utilizados por él mismo, resulta una tarea verdaderamente ardua unificar y establecer una filmografía completa y coherente de un director de obra tan polimorfa y extravagante.



No obstante, y pese a lo complejo del propósito, Aguilar recorre la filmografía de Franco desde su debut dentro de los márgenes de la industria a sus últimas películas rodadas en vídeo digital y con resultados experimentales y (solo aparentemente) amateurs, coincidiendo con una concesión de un Goya honorífico que no fue plato de gusto para todo el mundo. En este recorrido, Aguilar considera los primeros años de su obra como su etapa más fructífera en términos de calidad, y en concreto señala el estreno de Gritos en la noche en 1961 como el punto álgido no solo de su producción, sino del cine fantástico español. Con esta cinta, Franco inauguraba una de sus más populares series, la dedicada al siniestro doctor Orloff, así como su colaboración con el que se convertiría en uno de los actores más emblemáticos de su obra: Howard Vernon.

Howard Vernon es Orloff en Gritos en la noche


Como señala Aguilar, Vernon podría representar el icono masculino por excelencia de la filmografía de Franco, incluso por encima de otras presencias habituales como Jack Taylor, Antonio Mayans o el propio realizador reconvertido en actor... algo que también hizo, con un resultado digno de elogio, a las órdenes de Fernando Fernán-Gómez en la fascinante El extraño viaje. Por su parte, el icono femenino de Jesús Franco sin duda sería la actriz Soledad Miranda: fallecida prematuramente en un accidente automovilístico, la actriz andaluza tuvo tiempo de participar en varios filmes a las órdenes del realizador, siendo el más popular Las vampiras, versión femenina, lésbica y en cierta medida pop del Drácula de Bram Stoker (novela sobre la que Franco volvió en más de una ocasión). Dada la importancia de la intérprete en la obra del cineasta, no resulta gratuita por tanto la utilización de su atractivo físico para ilustrar la cubierta del libro, mediante un fotograma de El diablo que vino de Akasawa.



Howard Vernon y Soledad Miranda son solo dos de las personalidades que se pasean por este libro como satélites alrededor del "planeta Jesús Franco": no falta el concurso del productor Harry Alan Towers, el actor y director Ricardo Palacios o la actriz y realizadora Lina Romay, desde hace ya un buen puñado de años colaboradora, confidente y a la postre esposa del realizador. Los testimonios de todos ellos, extraídos de referencias bibliográficas, entrevistas y declaraciones convenientemente glosadas a pie de página, enriquecen el retrato poliédrico de una personalidad del cine español con cuya ética y estética se puede o no comulgar, pero a la que hay que reconocerle su mérito (cincuenta años de labor ininterrumpida tras las cámaras y al margen de todo apoyo económico o logístico por parte del ministerio), fruto de una necesidad casi biológica por rodar, así como la existencia de un universo propio fácilmente reconocible. Un universo para el que ahora tenemos una nueva y valiosa llave: este Jesús Franco escrito por Carlos Aguilar.

En el centro, Carlos Aguilar y Jesús Franco


Nota bene.- Pasado mañana miércoles 30 de marzo, a las 19.30 horas, tendrá lugar la presentación de este libro en la sede de la Filmoteca Española (Cine Doré, C/ Santa Isabel 3, Madrid). Dicho acto, de entrada libre limitada al aforo del local, contará con la presencia del autor y de Jack Taylor, uno de los actores fetiche de Jesús Franco; y durante el acto se proyectará la película Necronomicon (1968), protagonizada por Taylor y asimismo una de las más emblemáticas dentro de la filmografía del realizador.

Jack Taylor, uno de los actores fetiche de Jess Franco


(+) La web del autor

jueves, 24 de marzo de 2011

Rohmer revisado, ampliado... y presentado

[Nota de prensa]

Desde que en 1991, Carlos F. Heredero y Antonio Santamarina publicaran en Cátedra el estudio sobre Eric Rohmer, el cineasta francés todavía realizaría ocho largometrajes más antes de morir, en París, el 11 de enero de 2010. De esta manera, los autores han visto la necesidad de poner al alcance de todos los lectores y seguidores de este cineasta un nuevo texto actualizado no solo con la inclusión de estas ocho nuevas películas, sino también con una renovada estructura que busca conseguir una visión de conjunto sobre la totalidad de su obra.



Miembro caracterizado de la Nouvelle Vague francesa y redactor jefe de la revista Cahiers du cinéma entre 1958 y 1963, Eric Rohmer es autor no solo de una importante reflexión teórica sobre el cine, sino también de una filmografía compleja, organizada a partir de ciclos cerrados sobre sí mismos ("Cuentos de las cuatro estaciones", "Comedias y proverbios").

Cineasta de la transparencia, buscador incansable de la objetividad cinematográfica a través de la siempre subjetiva puesta en escena, Rohmer desvela en su cine la realidad que se encuentra más allá de los comportamientos y de los discursos que tejen sus personajes. Las preocupaciones morales y las relaciones sentimentales son temas centrales de su obra.

Rohmer, portada de Cahiers du Cinéma - España
tras su desaparición


De este modo, Ediciones Cátedra celebrará este nuevo título con la presentación organizada mañana viernes 25 de marzo a las 19:45 horas, en la Filmoteca Española de Madrid (Cine Doré, C/ Santa Isabel, 3). A continuación del acto se proyectará la película Le rayon vert (Eric Rohmer, 1986).

miércoles, 23 de marzo de 2011

Adiós a la otra mitad de la pareja más tormentosa de Hollywood

[Nota de prensa]



Como ya sabéis todos, hoy ha fallecido Elizabeth Taylor, sin duda una de las leyendas de la historia del cine y todo un símbolo de una manera de entender la industria cinematográfica, la del primer Hollywood y época dorada de los grandes estudios.

Además de por su talento y reconocimiento como actriz -o precisamente por ello-, Elizabeth Taylor acaparó protagonismo y trascendencia mediática por su compleja y polémica relación amorosa con Richard Burton.

A este respecto, queríamos recordaros que el pasado 8 de noviembre Lumen publicó la obra El amor y la furia, un completo trabajo de investigación acerca de este romance que quizá os resulte de utilidad. Os adjuntamos un dossier de prensa con información de la obra.



Título: El amor y la furia. La verdadera historia de amor de Elizabeth Taylor y Richard Burton
Autores: Sam Kashner y Nancy Schoenberger
Traductora: Jofre Homedes Beutnagel
PVP: 22,90 €
N.º de págs.: 510 págs.
Fecha de publicación: 8 de noviembre de 2010



Los autores:

Sam Kashner es autor de tres ensayos y de una novela titulada Sinatraland (1999). Colabora regularmente con las revistas Vanity Fair, Esquire y GQ. Nancy Schoenberger, esposa de Kashner, ha sido durante años la directora de la Academy of American Poets y es responsable de los cursos de escritura creativa de la Universidad William and Mary.



La obra:

Ni contigo ni sin ti... Estas son las palabras que mejor describen la historia de amor de una de las parejas míticas del mundo del cine, que con sus andanzas llenaron las páginas de las revistas del corazón a mediados del siglo pasado y crearon a su alrededor un halo de glamour difícil de olvidar. El amor y la furia es un recorrido exhaustivo de la vida de los dos actores más conocidos de Hollywood en el siglo XX y una nueva exploración de su historia de amor, que a menudo cabalgó entre la pasión y la violencia.

Taylor y Burton se conocieron a principios de los años cincuenta, pero fue en la década de los sesenta, durante la polémica filmación de la película Cleopatra, cuando su idilio fue la comidilla de todo el mundo del cine. La pareja se casó, pero en 1974 llegó el divorcio, seguido de una reconciliación en 1975 y una definitiva ruptura en 1976. Hijo de una familia humilde y penúltimo de trece hermanos, Burton siempre tuvo la sensación de ser un perdedor en Hollywood, y eso acrecentó su debilidad por el alcohol. Taylor, la niña mimada de la pantalla, solía enamorarse de hombres aparentemente fuertes, pero con una debilidad más o menos oculta que ella estaba dispuesta a sanar. La hermosura de los dos y la atracción física que los unía dio lugar a un romance sonado pero que casi siempre la prensa reseñó de la manera más frívola.

Ahora Sam Kashner y Nancy Schoenberger, después de un gran trabajo de investigación y el acceso a documentos hasta ahora inéditos, profundizan en los detalles de esta historia difícil y apasionada. A la hora de trabajar, los autores han tenido también el apoyo de Elizabeth Taylor, un hecho que da credibilidad a su trabajo sin restarle honestidad.

jueves, 24 de febrero de 2011

Hitchcock / Truffaut: las grabaciones

"Con el transcurso del tiempo El cine según Hitchcock ha adquirido la fama, probablemente exagerada, de ser el mejor libro publicado sobre temas de cine, pero sea como fuere es un trabajo magnífico que dice mucho sobre la personalidad y el trabajo de Hitchcock, pero también sobre la del entrevistador, lo cual no es habitual en una tarea de ese tipo, donde suele abundar la voz impersonal de quien formula las preguntas". Así se expresa el escritor y crítico cinematográfico José María Latorre en su ensayo "El aliento de Hitchcock", incluido en François Truffaut. El deseo del cine (Colección Nosferatu, n.º 6): una reflexión que viene a cuento gracias a que se nos brinda una nueva posibilidad de escuchar de viva voz a entrevistador y entrevistado en aquellos míticos encuentros en 1962.



Fue en aquel año que, reunidos en las oficinas de Universal Studios y con la mediación de Helen Scott, de la French Film Office de Nueva York, como traductora (el realizador que debutara con Los cuatrocientos golpes no hablaba demasiado bien inglés), que François Truffaut se reunió con su admirado Alfred Hitchcock para realizar una serie de entrevistas de media hora de duración que, una vez editadas, dieron lugar a Le cinéma selon Hitchcock, el más mítico libro sobre cine jamás publicado.

Alfred Hitchcock y François Truffaut


Ahora, cortesía de FILMdetail.com, podemos escuchar on line o incluso descargar, todos juntos o por separado, los distintos archivos de audio que recogen la pista sonora de aquellos encuentros, para escuchar y disfrutar de las auténticas voces de dos de los realizadores que hicieron de su trabajo una de las manifestaciones artísticas más ricas del siglo XX.

Con todos ustedes, The Hitchcock and Truffaut Tapes.

lunes, 7 de febrero de 2011

TERROR BAJO LAS AGUAS

Terror bajo las aguas. El cine de monstruos marinos
Carlos Burgaleta & José Luis Viruete
Madrid, Ilarión, 2010
248 pp. - 17 €



A los que echen de menos darse un buen chapuzón en el mar pero no se atreven a vérselas ahora mismo con el crudo clima invernal siempre les quedará la posibilidad de, desde la comodidad del sofá frente al televisor, ver cómo lo hacen otros. Y si la película elegida para la ocasión es una cinta de terror donde nadadores y turistas corren hacia la arena o se enfrentan a amenazas surgidas de los abismos más profundos para intentar salvar sus vidas, quizá se les quiten las ganas del todo. Si eligen esta opción, no se me ocurre mejor guía para elegir con criterio que este Terror bajo las aguas, editado a finales del año pasado por Ilarión.

La mujer y el monstruo


El libro, firmado por Carlos Burgaleta y un experto en cultura popular como José Luis Viruete (quién no se ha echado unas risas alguna vez con todo el material psicotrónico y casposo que alberga su web Viruete.com), no es sino un compendio exhaustivo de aquellos filmes, la mayoría lógicamente de terror (aunque no faltan los de aventuras, por ejemplo) en los que la amenaza surge del fondo del mar: y no piensen que hablamos solamente de tiburones, orcas asesinas, pirañas o caimanes, sino también de variantes tan curiosas como los nazis acuáticos, que protagonizan una película como Shock Waves... precisamente retitulada en España no solo con la traducción literal de Ondas de choque, sino también como Terror en las aguas.



El recorrido que realizan los autores por tan peculiar filmografía se divide en dos apartados: el primero es una "Filmografía básica" que recoge lo más destacado del subgénero, desde la oscura producción inglesa de 1934 The Secret of the Loch hasta, como era de esperar, la reciente Piranha 3D de Alexandre Aja, dicho sea de paso una película espléndida que inexplicablemente permanece inédita en nuestros cines (¿Quizá nos llegue el próximo estío?). Entre una y otra, y estricto orden cronológico, hacen acto de presencia un gran número de títulos y realizadores tan destacables como 20.000 leguas de viaje submarino de Richard Fleisher, La mujer y el monstruo de Jack Arnold, Moby Dick de John Huston, la Piraña original de Joe Dante, su secuela y debut como realizador de James Cameron (y de la que el autor de Titanic reniega) o, claro está, la cinta que supone el punto álgido y de inflexión del género: la celebrada Tiburón de Steven Spielberg.

Piranha 3D


Dicho film, estrenado en 1975 y protagonizado por un trío de intérpretes soberbios -Roy Scheider, Robert Shaw y Richard Dreyfuss-, supuso todo un fenómeno sociológico que hizo disminuir el turismo playero en medio mundo, gracias principalmente a la labor tras la cámara de un casi primerizo Spielberg que consiguió la que todavía es hoy uno de sus tres o cuatro mejores trabajos. Lamentablemente, lo que vino después no estuvo a la altura, y no nos referimos solamente a las secuelas oficiales, sino a un gran número de imitaciones exploitation realizadas la mayoría de las veces con muy poco presupuesto y todavía menos pudor.



En esta filmografía básica, como decíamos muy exhaustiva, se alternan producciones de corte comercial como Esfera de Barry Levinson o Deep Blue Sea de Renny Harlin con películas de espíritu independiente como la reivindicable Open Water o experimentos como Incidente en el Lago Ness, un falso documental impulsado por el siempre sorprendente Werner Herzog. No faltan producciones más exóticas como la australiana El territorio de la bestia (Rogue) o la coreana (y espléndida) The Host, ni tampoco simpáticos productos de serie B como La bestia bajo el asfalto o el cúmulo de producciones que siguieron a la exitosa Abyss del ya citado Cameron: este fue el caso de Leviathan, Profundidad Seis o la producción española La grieta, del malogrado Juan Piquer Simón.

The Host


No es menor el interés, ni mucho menos, del apartado "Filmografía abisal", que como su título sugiere repasa filmes que Burgaleta y Viruete consideran mucho menos relevantes -ya sea por su escasa calidad artística, ya por ser menos representativas del género que nos ocupa-... pero que en muchas ocasiones merecen su atención aunque solo sea por lo divertido y desenfadado de sus propuestas. Esta parte del libro arranca con La fiera del mar (primeriza y curiosa adaptación del Moby Dick de Hermann Melville realizada en 1930) y se cierra con Mandíbulas 3, y está repleta de producciones de bajo (o bajísimo) presupuesto firmadas por realizadores como Roger Corman, Irwin Allen, un sorprendente Samuel Fuller, Tobe Hooper, Wes Craven o el recientemente fallecido Peter Yates, aunque en su Abismo el peligroso animal acuático apenas aparezca y la amenaza tenga un origen más terrenal.



Los comentarios de todos los filmes reseñados en la "Filmografía básica" están compuestos, además de por la lógica ficha técnica, por una sinopsis del filme, una selección de secuencias y diálogos de interés y por la recopilación de datos y/o curiosidades que merecen destacarse, ya sea del rodaje, del estreno o de la recepción crítica de la película en cuestión, así como por el recuerdo a las frases promocionales de la misma. En el caso de la "Filmografía abisal", los comentarios son menos extensos, y en ellos el sentido del humor, cargado de ironía, de los autores campa a sus anchas, todavía más si cabe que en el apartado anterior.

Anaconda


Gracias a este sentido del humor, Terror bajo las aguas -que cuenta con una atractiva cubierta dibujada por el maestro Alfonso Azpiri- se lee con una sempiterna sonrisa dibujada en el rostro, e incluso no es necesario haber visto la mayor parte de las películas comentadas para disfrutar conociendo de la mano de estos testigos de excepción aspectos más o menos desconocidos de la enésima secuela de Anaconda o la (pen)última producción de la descarada productora The Asylum.



En definitiva: Terror bajo las aguas es un título de muy recomendable lectura, al que quizá se le pueda criticar como único aspecto negativo un mayor cuidado en la corrección ortográfica final. Por lo demás, y aunque en sus páginas concursen algunos de los realizadores más interesantes de todos los tiempos (especializados o no en el género fantástico), resulta indispensable sobre todo para los amantes de la serie B y Z, campo de cultivo favorablemente abonado para el desarrollo de este subgénero de terrores marinos.

lunes, 17 de enero de 2011

DESAYUNO CON DIAMANTES

Desayuno con diamantes
Sarah Gristwood
Madrid, Electa, 2010
192 pp. - 21,90 €



En este 2011 que acaba de empezar se cumple el cincuenta aniversario de películas que son ya clásicos indiscutibles del séptimo arte y que están en mente de todos: si nos limitásemos a nuestro cine tendríamos que hablar de Plácido, la obra maestra del recientemente fallecido maestro Berlanga, y si ampliásemos las fronteras al cine italiano 1961 fue también el año de una cosecha espléndida, con Accatone de Pasolini, La noche de Antonioni, Divorcio a la italiana de Germi o La chica con la maleta de Zurlini. Dos grandes nombres del cine europeo, el francés Alain Resnais y el sueco Ingmar Bergman, estrenaban respectivamente la laberíntica El año pasado en Marienbad y la fascinante Como un espejo. Pero si nos referimos al cine hollywoodiense, ese que sigue suministrando sueños (unos mejores que otros, bien es cierto) a nuevas generaciones de espectadores, aquel año, aunque no tan glorioso como el que le precedió, trajo títulos tan emblemáticos como West Side Story, Vencedores o vencidos, El rostro impenetrable, Esplendor en la hierba o El buscavidas.



Pero si hay una película de 1961 que ha pasado a formar parte de la cultura popular del siglo XX, albergando varios iconos en su seno, así como una melodía que ha hecho historia, esa es sin duda -incluso por encima del mencionado musical de Robert Wise y Jerome Robbins- Desayuno con diamantes. Dirigida por el también desaparecido hace unas semanas Blake Edwards, sin duda no es el mejor film del año -permítanme destacar, a título personal, las obras maestras citadas que filmaron Elia Kazan y Robert Rossen-, pero sí es el que ha alcanzado un más alto estatus en la nómina de películas míticas de la educación sentimental de tantos y tantos espectadores.

Blake Edwards


Coincidiendo con este cincuenta aniversario, Pavilion Books editó en el Reino Unido este libro de Sarah Gristwood, que ahora llega a nuestro país de la mano de Electa, sello del emporio editorial Random House Mondadori. Estamos ante un libro muy cercano al concepto del coffee table book, esos productos editoriales de los que es más importante el atractivo envoltorio y la majestuosidad del apartado gráfico que no el propio texto, muchas veces un mero apoyo para todo lo anterior. Por ello, este Desayuno con diamantes, además de impreso en un estupendo papel de grosor considerable, en cartoné y con sobrecubiertas, está plagado de fotografías en color y blanco y negro, muchas a toda página o incluso a doble página, que dan testimonio gráfico no solo de un film, sino de toda una época y una forma de entender el cine, la moda y las relaciones sociales.



No obstante, en esta ocasión se ha alcanzado un gozoso equilibrio ideal entre dicho aparato visual y el cuerpo textual, pues la investigación de Gristwood no es en ningún modo baladí: construida como un verdadero making of impreso, la obra sigue el proyecto de llevar a la gran pantalla la celebrada novela de Truman Capote desde los preparativos del mismo hasta el estreno y todo lo que este supuso para la sociedad norteamericana de aquel momento, pasando claro está por el rodaje del film a cargo de un joven director cuyo único punto álgido en el currículo era el éxito de la comedia Operación Pacífico con Cary Grant y Tony Curtis.

Truman Capote


Leyendo el Desayuno con diamantes de Sarah Gristwood, el lector descubrirá que en muchas ocasiones tras una película que a un gran número de espectadores se les antoja perfecta se esconden un cúmulo de desencuentros, dudas y desavenencias: un caso más popular podría ser el de aquella película prácticamente improvisada día a día que terminó siendo Casablanca, pero el film de Edwards no le anda demasiado a la zaga: Capote no quería a Audrey Hepburn como Holly Golightly -su apuesta personal era ni más ni menos que la mucho más carnal Marilyn Monroe-, Edwards no quería a George Peppard como Paul, y Mel Ferrer -el actor y director que por aquel entonces era también esposo manipulador de la actriz principal- no gustaba de muchas de las decisiones de Edwards en lo que a dirigir a su esposa se refería y condujo su interpretación desde la sombra hasta que el director del film dijo basta. Por no hablar del controvertido papel cómico de Mickey Rooney como el señor Yunioshi, el excéntrico vecino japonés de la protagonista...



Pero no todo fueron contratiempos: a la productora se la permitió filmar en el interior de la mismísima joyería Tiffany's, centro neurálgico del relato, y que gracias a la película multiplicó con creces su ya de por sí considerable fama; el director consiguió un reparto compacto y casi sin fisuras, con la participación de Patricia Neal -a la sazón esposa del escritor Roald Dahl- y del aristócrata español José Luis de Vilallonga; la colaboración entre la veterana diseñadora de vestuario del Hollywood clásico Edith Head y el mítico Hubert de Givenchy fue (nunca mejor dicho) como la seda; y el compositor Henry Mancini, después de pasar un mes sin dar con la clave para la canción que debía interpretar la protagonista en las escaleras del edificio donde vivía, se sentó al piano y compuso el tema central del film en menos de media hora.



Este tema, claro, es "Moon River", que pese a las reticencias iniciales de varios miembros del equipo, entre ellos la propia Audrey Hepburn, acabó cantando la propia intérprete sin necesidad de ser doblada: se tomó la decisión de que primara la naturalidad y la verosimilitud por encima de la perfección. Posiblemente lo que ha convertido en memorable a este film sea esa ambigüedad acerca de la protagonista -que en el texto de Capote ejerce, inequívocamente, de prostituta, algo que en el film nunca se explicita pero que puede intuirse-, y que se extiende al resto de piezas del relato acercándolo a la vida real y dotando de un cierto patetismo, no exento de ternura, a elementos supuestamente empapados de glamour como el mítico vestido negro, la kilométrica boquilla y, claro está, los diamantes de incalculable valor que se venden en el corazón de Manhattan.



En definitiva: estamos ante una lectura indispensable para conocer mejor uno de los títulos más míticos de la historia del cine, y cuyo disfrute sirve de paso, no solo como homenaje a la propia película, sino a un realizador que después bebió las mieles del éxito con la saga de La pantera rosa y otras comedias de menor fuste, pero que salvo casos muy contados -quizá solo Chantaje contra una mujer, Días de vino y rosas y parte de El guateque- nunca volvió a brillar a tanta altura.

miércoles, 5 de enero de 2011

El cine del 2010: Nuestro Top 10 para Cahiers du Cinéma

Un año más, la edición española de Cahiers du Cinéma hace balance del mejor cine estrenado a lo largo del año anterior, y ofece la posibilidad de votar tanto a los críticos especializados como a sus lectores, estos últimos a través del correo postal y digital. Los resultados acaban de publicarse en el recién aparecido n.º 41.



Para no romper la costumbre, como ya hice en 2007, 2008 y 2009, un servidor volvió a votar su particular Top 10, esta vez compuesto por la siguiente lista:

1.- Shutter Island (Martin Scorsese)
2.- Origen (Christopher Nolan)
3.- Two Lovers (James Gray)
4.- El escritor (Roman Polanski)
5.- La red social (David Fincher)
6.- The Lovely Bones (Peter Jackson)
7.- Kick-Ass (Matthew Vaughn)
8.- Gainsbourg (Vida de un héroe) (Joann Sfar)
9.- Pan negro (Agustí Villaronga)

10.- Air Doll (Hirozaku Kore-eda)

Leonardo DiCaprio en Shutter Island


Me gustaría hacer una mención especial a tres títulos que quedaron fuera simplemente porque no cabían en un Top 10, pero que estuvieron a punto de ser seleccionadas: me refiero a tres películas tan interesantes como Buried (Enterrado), El americano y The Town (Ciudad de ladrones).

Rebecca Hall y Ben Affleck en The Town (Ciudad de ladrones)

Por otra parte, y para que quede constancia, el cine visto en la gran pantalla a lo largo de este 2010 se completa con Alicia en el País de las Maravillas, Caza a la espía, El Equipo A, El Gran Vázquez, El hombre lobo, Habitación en Roma, Invictus, Iron Man 2, Los mercenarios, Machete, Pesadilla en Elm Street (El origen), Robin Hood y Sherlock Holmes.

Steven Seagal (centro) en Machete


Igualmente, hemos recuperado en formato doméstico algunas películas que no pudimos ver en el cine pero que sí fueron estrenadas a lo largo del año, y que independientemente de su calidad no hemos tenido en cuenta a la hora de confeccionar el anterior Top 10. Este es el caso de -destacando en negrita otras diez cintas de mayor interés que el resto-: Adèle y el misterio de la momia, Airbender: el último guerrero, Al límite, An Education, Brothers (Hermanos), Canino, Carancho, Centurión, Cinco minutos de gloria, Daybreakers, Desde París con amor, El aprendiz de brujo, El circo de los extraños, El corredor nocturno, El libro de Eli, El mal ajeno, El padrastro, El retrato de Dorian Gray, En tierra hostil, Fantástico Sr. Fox, Green Zone (Distrito protegido), Hierro, Killers, La cuarta fase, La herencia Valdemar, La otra hija, Legión, Los hombres que miraban fijamente a las cabras, Los otros dos, Miedos, Ni en sueños, Noche loca, Noche y día, Predators, Repo Men, Resident Evil: Ultratumba, Reykjavik-Rotterdam, Salt, Scott Pilgrim contra el mundo, Solomon Kane, Splice (Experimento mortal), Sunshine Cleaning, Teniente corrupto, Tensión sexual no resuelta, Todo sobre mi desmadre, The Crazies, The Road (La carretera), Una escapada perfecta, Un ciudadano ejemplar, Un profeta, Up in the Air, Wall Street: El dinero nunca duerme y When You’re Strange. Hubo otros cuatro estrenos de películas ya vistas antes del comienzo del año (pues fueron estrenadas en nuestro país con un retraso considerable), como es el caso de I'm Not There, Saw VI, The Girlfriend Experience y Vertige.

Eva Mendes y Will Ferrell en Los otros dos


Por si tienen curiosidad, y según lo publicado en la página 73 del último Cahiers, los diez primeros puestos de cada lista (de un total de veinte) quedaron de la siguiente forma en el resultado final:

Los votos de los críticos:
1.- Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
2.- Copia certificada
3.- Film Socialisme
4.- Two Lovers
5.- Ne change rien
6.- La cinta blanca
7.- La red social
8.- Fantástico Sr. Fox
9.- Poesía
10.- En tierra hostil

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas


Los votos de los lectores:
1.- La cinta blanca
2.- Two Lovers
3.- La red social
4.- Copia certificada
5.- Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas
6.- Un profeta
7.- Toy Story 3
8.- El escritor
9.- Fantástico Sr. Fox
10.- Shutter Island

La cinta blanca


Al contrario que ocurriera el año pasado, ambas listas son bien distintas entre sí, aunque tanto la crítica como los lectores le dan la razón al jurado del Festival de Cannes... sea este cual sea, ya que los críticos han elegido como mejor película del año la producción tailandesa que obtuviera el máximo galardón del festival este año, mientras que los lectores han recuperado la Palma de Oro del año pasado para el film de Michael Haneke que se estrenó entre nosotros al comienzo del 2010.

El año que viene, por nuestra parte y suponemos que también por la de Cahiers, más.