lunes, 16 de julio de 2012

LA PIEL QUE HABITO

La piel que habito
Pedro Almodóvar
Barcelona, Anagrama, 2012
184 pp. - 16,90 €


Después de dos trabajos bastante insatisfactorios como la sorprendentemente muy aplaudida Volver y, sobre todo, la muy decepcionante Los abrazos rotos, una película como La piel que habito me reconcilió con el cine de su autor: Pedro Almodóvar. Algo que por otra parte no es de extrañar cuando un servidor ha disfrutado mucho de otros títulos suyos en los que, o bien se acercaba con valentía al cine de género (como Carne trémula, una adaptación de una novela policíaca de Ruth Rendell a reivindicar) o bien parecía decidido a mostrar los aspectos más oscuros del alma humana (caso de La mala educación, hasta la fecha mi favorita de las suyas de la última década).


El film explora los recovecos más oscuros de la condición humana

Efectivamente, ambos aspectos se dan cita en este su último film hasta la fecha, y cuyo guion acaba de publicar la editorial Anagrama (que también ha editado, más recientemente, el de Madrid 1987 de David Trueba), un hecho que sin lugar a dudas demuestra el gran interés del nuevo trabajo de quien fue capaz de quitarle al don Quijote de Miguel de Cervantes el título de "manchego más universal".


Antonio Banderas y Elena Anaya, una pareja de cine memorable

La piel que habito, como se ha repetido hasta la saciedad, nace como una adaptación libérrima de otro autor de género negro, esta vez el francés Thierry Jonquet y su novela Tarántula. Y como también se ha mencionado en más de una ocasión, bebe igualmente de otra de las joyas que nos dejó la cultura francesa durante el siglo pasado: el film de Georges Franju, tan terrorífico como lírico, titulado Ojos sin rostro. Es a partir de estas y de otras referencias más secundarias -como el Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, por ejemplo- que el director de Laberinto de pasiones construye uno de sus trabajos más arriesgados, un salto sin red que nos retrotrae al cine fantástico de auteur europeo, del citado Franju o de nuestro encantador Jesús 'tío Jess' Franco al giallo italiano de Mario Bava o Dario Argento.


Jan Cornet, la gran revelación de la cinta

Todas estas referencias no son ni un descubrimiento ni una extraña ocurrencia del que esto firma: el propio Almodóvar las explicita en los "Comentarios del autor" que siguen al guion en la presente edición: poco menos de veinte páginas en las que el cineasta desgrana algunas de las claves del film, poniendo sobre el tapete no solo a maestros del séptimo arte como Luis Buñuel o Alfred Hitchcock, sino referencias tan de culto como Fantomas, Diabolik o el cine de Lucio Fulci y Umberto Lenzi (ahí es nada). Estas páginas son un testimonio de valor indiscutible, tanto o más que el propio guion, del que es de justicia señalar que incluye algunas escenas no rodadas pero que el autor ha deseado mantener en su lugar original dentro del relato escrito quizás como pistas para descubrir que La piel que habito pudo ser de otra manera.


Otra escena del film con Anaya y Banderas

Completa la presente edición un pliego de dieciséis páginas con fotografías a todo color del rodaje: una serie de instantáneas que demuestran la importancia que Almodóvar siempre ha dado a la dirección de actores (algo en lo que no ha cambiado desde los tiempos de Pepi, Luci y Bom), y en este caso muy particularmente en su trabajo con Antonio Banderas y Elena Anaya, indiscutibles protagonistas del film, pero también con una de sus actrices fetiche, Marisa Paredes, y Roberto Álamo, ambos madre e hijo en la ficción.


El episodio de Zeca, alias "el tigre", de lo más discutido del film

En definitiva: La piel que habito me parece, sin lugar a dudas, una de las dos o tres mejores películas de su autor, y también una de las mejores películas españolas de los últimos tiempos. Y, por tanto, es de agradecer la publicación del presente volumen, que como se dijo antes no solo incluye el guion sino la citadas notas de Almodóvar, una serie de fotografías y un prólogo del escritor (y también cineasta ocasional) Vicente Molina Foix. Un libro que es mucho más que la suma de sus partes, así como un complemento perfecto para cualquier copia digital del film en cuestión.